Cerro San Gabriel: un clásico de la Región Metropolitana
Estamos al tanto de que el clima es un factor fundamental en actividades al aire libre; especialmente para nosotros, que hacemos montaña. Sin embargo, vaya que esta temporada ha sido complicada para los montañistas. Para ir a la montaña es necesario que muchos factores estén alineados: clima, viabilidad de la ruta, tiempos personales y disponibilidad de implementos, entre otros. Cuando todo esto se alinea —especialmente para una actividad de media/alta montaña—, la vida parece perfecta.
Precisamente, esto fue lo que sentimos Sebas y yo ese fin de semana del 12 de septiembre cuando, finalmente, logramos no solo encontrar una ventana con buen clima, sino también coincidir en tiempos para visitar este hermoso cerro ubicado en el sector de San Gabriel, en el Cajón del Maipo, Región Metropolitana.
A diferencia de otras actividades de Sendero Libre, la planificación para esta salida fue más simple. Tanto Sebas como yo tenemos experiencia en montaña, por lo que la coordinación fue más puntual a como usualmente lo hacemos en el Club: sin PDF informativo, sin briefing, sin cuotas para abonar ni controles específicos sobre los implementos. Nos bastó un listado genérico de lo que no podía faltarle a cada uno y una simple conversación para definir quién llevaría la carpa e implementos de cocina, confiando en que no necesitaríamos pala ni equipo adicional gracias al buen tiempo pronosticado para la ventana. Todo quedó listo para nuestra ansiada excursión.
Muy temprano dimos aviso en el retén de Carabineros de Chile de San Gabriel y entregamos nuestro plan de excursión. Caminamos (sí, porque no fuimos en auto) hasta el inicio del sendero: un tramo que sin duda le sumó varios kilómetros a la ruta del día; nada difícil, pero sí bastante tedioso.
El primer tramo de esta ruta es impecable para prepararse de cara a la jornada del día siguiente. Es una ruta nada exigente, con cierto desnivel que no complica, perfecta para los 15 kilos o más que llevábamos en la mochila. Es un tramo corto que se puede hacer en un par de horas muy tranquilamente. Llegamos al campamento base después del mediodía y aprovechamos todo el tiempo disponible para descansar, admirar la cordillera y sus colores, disfrutar del viento que se hacía presente a ratos, almorzar con calma y, algo muy importante: descongelar nieve.
Lamentablemente, teníamos un solo gas y no llevábamos JetBoil, por lo que debo admitir que quedamos cortos con la reserva de agua. Si bien teníamos lo suficiente para los dos días, evidentemente no era el escenario ideal. No obstante, logramos conseguir lo mínimo necesario para comer y realizar la ruta de forma exitosa.
Ruta que completamos en el día 2. No sé si a todos les pasa, pero esa sensación la noche anterior de acostarte proyectando en tu mente lo que vendrá —de forma activa y beneficiosa, no ansiosa— es única. Aunque te lo imagines, nunca sabes con certeza qué te vas a encontrar. Eso es lo hermoso de la montaña: cada día, cada hora y cada momento son distintos. La montaña siempre está ahí para nosotros, esperando que disfrutemos de todo su esplendor con respeto.
Así fue nuestro segundo día. Cada paso que dimos con nuestros crampones, piolet y todos nuestros implementos técnicos fue maravilloso. De principio a fin tuvimos una vista y una experiencia increíbles en este cerro. Caminamos cada kilómetro con calma, tomándonos nuestro tiempo y disfrutando del paisaje cada vez que podíamos; especialmente en la cumbre. Esa vista de 360 grados que te entrega el Cerro San Gabriel es impecable.
El Cerro San Gabriel quedó en nuestros corazones. Es difícil describir con palabras todas las sensaciones que te genera cada paso hacia la cumbre: no es solo la vista, es la espera de una buena ventana, el esfuerzo de alcanzar la cumbre con prudencia, el desafío de las cornisas y filos de la ruta, y las personas con quienes te cruzas y se motivan mutuamente para continuar. Son infinitas sensaciones que, estoy seguro, muchos hemos sentido en esta conexión tan hermosa que tenemos con nuestra preciada montaña.
Por: Gabriel Arguinzones. Presidente del Club de Montañismo Sendero Libre.